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Postura del PP

Después de mostrar un temeroso apoyo a Zapatero tras el anuncio del alto el fuego de ETA, el PP rompió toda su colaboración con el Gobierno por considerar una "ignominia" que se sentara a dialogar con Batasuna.
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Apoyo y ruptura del Partido Popular

Desde el mismo momento en que se anunció, desde las filas populares se vio el vaso del alto el fuego medio vacío. El líder del PP, Mariano Rajoy, aseguró entonces que ése no era el comunicado "importante" que el PP exigía a ETA.

 

Así las cosas, Rajoy ratificó el discurso que su partido ha mantenido en los últimos años, ofreció su colaboración al Gobierno en el marco del Pacto Antiterrorista y se comprometió a prestarle su apoyo para que no pague precio político alguno a ETA a cambio del abandono de las armas.

 

La postura institucional del PP al respecto, preparada por el propio Rajoy junto a Ángel Acebes, Eduardo Zaplana e Ignacio Astarloa, pasaba por los ejes: "Esto es una pausa, no una renuncia a la actividad criminal"; "el objetivo es iniciar un proceso que conduzca a la autodeterminación"; "no se puede pagar ningún precio político"; "el Estado de Derecho debe seguir cumpliendo con sus obligaciones, tanto Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como Poder Judicial, como Administración Penitenciaria" y "el PP está dispuesto a apoyar al Gobierno para que no pague ningún precio".

 

El 28 de marzo se recuperó un clima de confianza tras el encuentro entre Zapatero y Rajoy en Moncloa. Ambos pactaron una gestión conjunta del alto el fuego de ETA. El líder del PP ofreció al presidente todo su apoyo y el de su partido. A cambio, José Luis Rodríguez Zapatero se comprometió a mantener una línea de información directa y de carácter prioritario con el líder de la oposición.

 

Las críticas del PP llegaron hasta la judicatura, por considerar la actitud de los jueces demasiado laxa. Desde el partido se llegó a decir, tras conocer que la Fiscalía no había solicitado la prisión incondicional para Arnaldo Otegi en una de sus causas abiertas con la Justicia, que el Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, se había convertido en un "problema para el trabajo de forjar confianza" entre el Gobierno y PP para lograr el final del terrorismo y en una "rémora" para el "proceso" que se abre tras el alto el fuego. Este fue el hecho que volvió a enturbiar las relaciones entre el PP y el Gobierno. Mariano Rajoy pidió a Zapatero que fuera leal con él para que no tuviera que encontrarse con noticias como la del cambio de criterio de la Fiscalía.

 

Pronto tuvo lugar otro motivo de enfrentamiento, el nombramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba como máximo responsable de Interior. Una figura no muy apreciada desde las filas populares por considerar que "tiene demasiados puntos oscuros". A ello se vino a sumar la cuestión de Navarra, cuya soberanía se reclamó desde las filas abertzales. Rajoy pidió que esto no fuera "moneda de cambio" en ningún proceso de paz y reclamó a Zapatero "más claridad y más contundencia" sobre este asunto.

 

El PP también solicitó al Gobierno que no utilizara el Debate sobre la Nación para autorizar el diálogo con ETA y se pactó de forma tácita excluir esta cuestión de las sesiones.

 

Amenaza de ruptura

 

La primera amenaza de ruptura llegó a principios de junio. Mariano Rajoy acusó a Zapatero de haberse puesto "en manos" de ETA y de Batasuna y de haber "traspasado" las "líneas rojas" del respaldo que le concedió. El líder del PP advirtió que quedaría "liberado" de apoyar al Gobierno si el PSOE se reunía con la organización ilegalizada, tal y como había anunciado unos días antes el secretario general del PSE-EE, Patxi López.

 

Y así ocurrió. Exactamente un mes antes del encuentro entre el portavoz de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi y Patxi López en San Sebastián, el PP rompía toda relación con el Gobierno.

 

Durante el Pleno del Congreso en que se debatieron las 105 propuestas de resolución presentadas por los grupos parlamentarios tras el Debate sobre el Estado de la Nación, Rajoy daba la noticia. Zapatero lamentó que el líder del PP usase la tribuna del Congreso para anunciar la ruptura con el Ejecutivo, y expresaba su determinación de cumplir el compromiso contraído con los españoles de intentar lograr el fin del terrorismo. Aunque fuera sin él.

 

Posteriormente, las críticas desde las filas populares han ido en aumento. El portavoz del PP del País Vasco, Leopoldo Barreda, ha afirmado que, con el aviso de ETA a sus bases de que el proceso puede romperse pronto, "estamos ante un chantaje redoblado" que hace que haya "más razones que nunca para que no se negocie con ETA".

 

Barreda hizo estas manifestaciones en una conferencia de prensa celebrada en Bilbao para presentar iniciativas parlamentarias de su grupo, al ser preguntado por la información publicada por El Correo y El Diario Vasco en la que se afirma que ETA ha transmitido a sus bases que "el proceso de paz puede romperse en las próximas semanas si no hay avances inmediatos en el campo político".

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JUNTOS. Mariano Rajoy coincidió con José María Aznar en la presentación de un libro. / EFE
Mariano Rajoy coincidió con José María Aznar en la presentación de un libro el día del anuncio de la tregua. EFE
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